El empresario Gerardo Sánchez Zumaya, aspirante a conducir los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en San Luis Potosí, tiene presente que cuando se habla de política, trabajo social, empresa y seguridad, las acciones se conducen mejor con amor al prójimo. Es una frase que se repitió varias veces durante esta entrevista.
A sus 36 años, busca construir una identidad propia en la vida pública potosina. Desde los recorridos de la Fundación GESA hasta su reciente militancia en Morena, su discurso gira alrededor de una misma idea: que el desarrollo económico, la justicia social y la paz sólo pueden construirse cuando se pone a las personas en el centro.
Originario de Tanquián de Escobedo, en la Huasteca Potosina, Gerardo Sánchez Zumaya habla de su infancia, de los episodios de violencia que marcaron a su familia y de una visión política que intenta conciliar la iniciativa privada con el humanismo social. En esta conversación con P4TRIOTAS comparte algunas de las experiencias que moldearon su manera de entender el servicio público.
¿Cuál fue el momento más difícil de tu vida?
El momento más difícil de mi vida fue cuando me secuestraron, pero no terminó ahí. Meses después secuestraron a mi abuelo, intentaron asesinar a mi padre y levantaron a mi hermano. Me tocó en ese momento ser cabeza de familia cuando tenía 21 años.
¿Qué te dejó esa experiencia?
Me acercó mucho a Dios y al perdón. Entendí que hay carencias muy fuertes, distanciamiento social y principalmente falta de empleo, lo que orilló a las personas que me secuestraron a hacer lo que hicieron. También comprendí que todos somos uno y que necesitamos todos, que aquí no hay nadie que valga más, ni menos.
Muchos consideran que ser empresario y tener una visión de izquierda son cosas incompatibles. ¿Tú qué piensas?
Muchos piensan que por ser empresario mi perfil no encajaría en la izquierda, pero están muy equivocados. Mi visión es humanista, de amor al prójimo. Para mí, la responsabilidad social es acortar las distancias entre el que más tiene y el que menos tiene, sin afectar al que más tiene.
¿Qué significa para ti el humanismo mexicano?
Amor al prójimo. Yo compagino con la idea de la semejanza, de la igualdad, del respeto y del amor por la sociedad; de vivir en un estado de paz, de creer que todos somos parte de un mismo ente y que todos podemos aspirar a lo mismo, con igualdad de derechos y circunstancias, donde la sociedad se conecta con el gobierno para ejercer un verdadero Estado de derecho, de desarrollo, de armonía y de paz.
¿Por qué decidiste afiliarte a Morena?
Por la ideología y por el amor al pueblo. Me genera una profunda admiración la manera en que el presidente Andrés Manuel López Obrador se entregaba al pueblo y cómo el pueblo se entregaba a él. Ahora, al observar a la presidenta Claudia Sheinbaum, percibo ese mismo arropamiento por parte de la gente y, de su lado, el mismo cariño y sensibilidad hacia el pueblo.
Has recorrido las cuatro regiones del estado a través de la Fundación GESA. ¿Qué encontraste?
Encontré miedo y preocupación por la inseguridad, por la falta de atención médica en enfermedades graves como el cáncer y por la falta de oportunidades. También me he encontrado con un estado que no se está preparando para una escasez hídrica. Son temas que aparecen una y otra vez cuando uno escucha a la gente.
¿Qué opinas de la posibilidad de una sucesión familiar en el gobierno estatal?
Somos una democracia, no una monarquía. Creo que eso no es correcto, no es viable y tampoco es algo que el pueblo quiera. Considero que la ciudadanía busca la alternancia, así como la oportunidad de conocer nuevas figuras, nuevos perfiles y nuevas personas que puedan aportar al desarrollo de San Luis.
¿Qué no estás dispuesto a negociar en política?
No estoy dispuesto a rendirme ante nadie y tampoco a pactar con ningún delincuente, jamás. Sería traicionar al pueblo, traicionar mis principios. Tampoco estoy dispuesto a llevar un rumbo equivocado, a renunciar a mis convicciones o a convertirme en instrumento de intereses que no representen a la sociedad.
Antes de concluir la conversación, Gerardo Sánchez Zumaya dibuja la imagen del San Luis Potosí que le gustaría ver en las próximas décadas: un estado en paz, con desarrollo para sus cuatro regiones y donde la seguridad forme parte de la vida cotidiana. Una meta ambiciosa que, según su propia visión, comienza por algo más simple: mantener a las personas en el centro de la política y el amor al prójimo.






