Las mujeres en la Revolución Mexicana: tomaron la palabra, las armas y la historia

Las mujeres en la Revolución Mexicana: tomaron la palabra, las armas y la historia

La Revolución Mexicana no sólo fue una guerra entre caudillos, sino también un parteaguas en la participación política y social de miles de mujeres que transformaron —desde la trinchera, la pluma o el activismo— el rumbo del país. Sus nombres, en muchos casos silenciados por la historia oficial, revelan un mosaico de valentía y pensamiento propio en un tiempo dominado por la violencia, el autoritarismo y el machismo. Entre ellas, figuran Juana Belén Gutiérrez, Dolores Jiménez y Muro, Margarita Neri, Hermila Galindo, y también mujeres que vivieron la Revolución desde ángulos inesperados, como Luz Corral o la periodista estadounidense Alma Reed.

Juana Belén Gutiérrez, nacida en Durango, escribió literatura feminista radical contra el catolicismo, la corrupción política, y las injusticias sociales durante el porfiriato. Díaz la encarceló con frecuencia, pero a pesar de ello, continuó transmitiendo sus ideas sobre la ilegitimidad de los líderes y partidos políticos. Llegó a tener pocas esperanzas de que la Revolución pudiera traer cambios, especialmente después de que Carranza asesinara a Zapata, a quien ella consideraba como el único líder verdadero, en 1919.

Gutiérrez creía firmemente en la democracia y culpaba a los mexicanos por no insistir en el ejercicio de sus derechos. Luchó para que la gente votara y así poder derrocar a la oligarquía militar y reemplazarlos por funcionarios civiles.

Luz Corral, primera esposa de Pancho Villa
Pancho Villa tuvo su primer encuentro con su primera esposa, Luz Corral, en 1910 al llegar a San Andrés, Chihuahua. Villa fue al pueblo para requisar provisiones para sus hombres. Al descubrir la pobreza de la madre de Luz, Villa sólo se llevó maíz, café y tabaco de su modesta tienda. La propia Luz llevó las provisiones a las tropas. Friedrich Katz narra que Villa quedó inmediatamente prendado de ella y le propuso matrimonio al instante, una vez finalizado el conflicto, sin perder tiempo con un cortejo formal. Aunque Luz aceptó, su madre no estaba tan dispuesta a consentir esa unión e incluso trató de interferir, pero sin éxito.

Las mujeres en la Revolución Mexicana tomaron la palabra, las armas y la historia

Katz admite que la madre de Luz tenía razón al mostrar cierta reticencia con los planes, pues Villa ya había propuesto matrimonio a varias mujeres en Chihuahua. Sin embargo, Villa se casó con Luz después de la firma del Tratado de Ciudad Juárez en 1911. Aunque Villa llegó a casarse con otras mujeres, Corral está considerada como su primera, y la única que contribuyó a su carrera política. Villa dejó oficialmente a Corral en 1921.

Dolores Jiménez y Muro (1848–1925)
El presidente Díaz, y más tarde Huerta, encarcelaron en numerosas ocasiones a Dolores Jiménez y Muro, una socialista y activista política de Aguascalientes, por su trabajo en numerosas publicaciones de izquierda, incluyendo La Mujer Mexicana, en donde era miembro de la redacción.

En 1911 Jiménez y Muro planeó una conspiración para llevar a Madero a la presidencia, conocida como “El Plan Político y Social Proclamado por los Estados de Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Campeche, Puebla, y el Distrito Federal (18 de marzo de 1911)”. A diferencia de Madero, sin embargo, Jiménez y Muro creía en reformas sociales y económicas. Ella también abogaba por la descentralización del sistema educativo, un salario justo y equitativo para todos los trabajadores, acceso a vivienda barata, y garantías para las poblaciones indígenas. Al conocer sus ideas, Zapata le pidió ayuda para su causa, y en 1913, Jiménez y Muro se unió al líder revolucionario en Morelos, permaneciendo allí hasta que éste fue asesinado en 1919.

Margarita Neri
Margarita Neri fue una de las pocas mujeres con nombre propio en la Revolución. Nacida en Quintana Roo en 1865, Neri había sido una hacendada antes de la Revolución. Después de ser abandonada por los hombres durante el conflicto, Neri levantó su propio ejército, unos 200 hombres al principio, pero que aumentó a 1.000 en sólo dos meses. Sus hombres la seguían porque podía disparar y cabalgar tan bien como cualquiera de ellos. Condujo a sus tropas por Tabasco y Chiapas en campañas de saqueo, asustando al gobernador de Guerrero de tal manera que éste huyó en una caja de embalaje al enterarse de que Neri estaba al llegar a la zona. Las historias sobre ella se contradicen, por lo que es difícil saber cuál de ellas es la verdadera. Finalmente fue ejecutada, pero quién dio la orden y dónde tuvo lugar, sigue siendo un misterio.

Elisa Griensen Zambrano Elisa Griensen Zambrano era una joven de Parral, Chihuahua. A los 12 años ya era una firme partidaria de Villa y, al mismo tiempo, una fuerte opositora de las fuerzas estadounidenses en el país. Cuando se enteró que los hombres de Parral no querían luchar contra las tropas de Pershing en 1916, ella misma reunió a un grupo de mujeres y niños para hacer frente al comandante Frank Tompkins y sus soldados justo a las afueras de la ciudad. Las mujeres y los niños, con palos y armas de fuego, forzaron al comandante Tompkins y a sus tropas a retirarse de Parral, obligando al comandante a decir, “Viva México, Viva Villa.”

Encarnación Mares “Chonita” de Cárdenas
Encarnación Mares de Cárdenas logró obtener un rango muy alto en una de las fuerzas rebeldes que se oponían a Victoriano Huerta. Como resultado de su buen desempeño en la Batalla de Lampezo, Nuevo León, la ascendieron de cabo a teniente. Otros la describieron de la siguiente manera: de cabello corto, una voz baja y una tendencia a vestirse con ropa andrajosa de hombre. Cárdenas también fue descrita como intrépida. Dejó el ejército el 7 de marzo de 1916 después de que los combates en el norte habían disminuido.

Col. María Quinteras de Meras
María Quinteras de Meras fue una coronela muy respetada por Pancho Villa. Esta soldadera demostró sus cualidades militares en las diez batallas en las que luchó durante los tres años que permaneció en el ejército villista, de 1910 a 1913. Supuestamente después de haberse ganado un lugar en el ejército por disparar tan bien como los hombres, Quinteras de Meras llegó a ser un oficial de alto rango. Según el periódico El Paso Morning Times (7 de mayo de 1914), “algunos de sus seguidores han llegado a creer que posee algún poder sobrenatural” (42). Al igual que la teniente Mares de Cárdenas, Quinteras de Meras también se vestía como los hombres con trajes de caqui y cananas. Tanto Quinteras de Meras como su esposo lucharon como voluntarios en el mismo grupo rebelde. Después de la Revolución, el matrimonio se negó a aceptar cualquier tipo de remuneración de Villa por los servicios prestados.

Edith O’Shaughnessy y la invasión de Veracruz
Edith O’Shaughnessy fue una escritora de Carolina del Sur casada con Nelson O’Shaughnessy, Encargado de Negocios en la embajada de Estados Unidos en México en 1913, después de haber ejercido durante dos años como Segundo Secretario. Edith O’Shaughnessy escribió unas cartas muy informativas a su madre mientras residía en la Ciudad de México. Estas cartas fueron recopiladas más tarde en un libro que ofrece una visión sobre la perspectiva estadounidense de la Revolución Mexicana.

A las 12:30 del mediodía del 21 de abril de 1914, O’Shaughnessy escribió lo siguiente sobre la invasión de Veracruz: “Nelson ha recibido informes por medio de fuentes mexicanas—una manera sumamente embarazosa de recibir noticias—que Vera Cruz [sic] fue tomada por nuestros navíos a las ocho en punto de la mañana” (O’Shaughnessy, A Diplomat’s Wife in Mexico, pág. 285). A las 8 de la noche del mismo día

Hermila Galindo
Hermila Galindo editó la revista femenina Mujer Moderna. En 1915 trabajó a favor de Carranza y frecuentemente se dirigía a grupos feministas para animarles a que lucharan por sus derechos. Galindo era precisamente la clase de mujer a quien los moderados temían. Ella abogaba por una educación general y sexual para las mujeres, y creía que merecían todos los derechos que se concedían a los hombres, incluido el derecho al voto.

Galindo apoyó al general Pablo González para suceder a Carranza, a pesar de que el presidente había seleccionado a Ignacio Bonillas. Como consecuencia, Carranza le retiró su confianza y a partir de 1919 quedó aislada e inactiva.

Alma Reed
Alma Reed, conocida como La Peregrina, por su periodismo sensible, es muy admirada en México. En 1921, después de la Revolución Mexicana, destacó por su defensa de Simón Ruiz, un joven indocumentado mexicano de 17 años, que había sido juzgado y sentenciado a la horca porque su abogado estadounidense le había recomendado que se declarara culpable. Reed escribió a menudo contra la ejecución de menores, y en parte gracias a ella, la constitución de California fue modificada. Oriunda de San Francisco, Reed viajó a Mérida, Yucatán, después de haber escrito muchos artículos elogiando al gobierno revolucionario de Obregón. La parte más memorable de su historia es su noviazgo con el gobernador local, Felipe Carrillo Puerto. Después de salir de Mérida hacia San Francisco para hacer los preparativos para la boda, se enteró por telegrama que su prometido y otros doce hombres habían sido ejecutados.

Las mujeres de la Revolución Mexicana no sólo participaron: pensaron, escribieron, conspiraron, enseñaron, combatieron y transformaron. Su memoria permite comprender que el movimiento armado no se explica sin su presencia. A más de un siglo de distancia, la tarea es rescatarlas del olvido, reconstruir sus historias y reconocer su aportación a la construcción del México moderno.

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Editorial P4triotas
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