Hace dos años, el 15 de agosto de 2024, México escribió una nueva página en su historia. En una ceremonia solemne, Claudia Sheinbaum Pardo recibió la constancia que la acreditó oficialmente como presidenta electa de los Estados Unidos Mexicanos, luego de haber obtenido la mayoría de los votos en la elección presidencial del 2 de junio de ese año.
La entrega del documento, realizada por la entonces magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Mónica Aralí Soto Fregoso, representó mucho más que el cierre formal del proceso electoral: simbolizó la llegada, por primera vez, de una mujer a la Presidencia de México mediante el voto ciudadano.
El día anterior, la Sala Superior del TEPJF había declarado válida la elección presidencial y reconocido a Sheinbaum como la primera presidenta electa del país. El órgano jurisdiccional determinó que obtuvo 35 millones 924 mil 519 votos, equivalentes al 59.76 por ciento de los sufragios emitidos. {«fallbackMarkdown»:»(Tribunal Electoral
Un momento que rompió una barrera histórica
Durante la ceremonia del 15 de agosto, Mónica Soto destacó la dimensión histórica de la elección y sostuvo que México había conseguido romper el llamado “techo de cristal”, después de más de dos siglos en los que la Presidencia había sido ocupada exclusivamente por hombres.
La magistrada subrayó que la entrega de la constancia formaba parte de la última etapa del proceso electoral federal y que el acto contribuía a concretar una transmisión del poder público de manera legal, ordenada y pacífica.
La imagen de Sheinbaum recibiendo el documento de manos de una mujer adquirió, además, un significado particular. Por primera vez, la máxima responsabilidad política del país era entregada formalmente a una presidenta electa en una ceremonia encabezada por otra mujer.
El mensaje de la presidenta electa
Frente a las autoridades electorales, representantes de los poderes de la Unión y diversos integrantes de la clase política, Sheinbaum defendió el resultado de las urnas y sostuvo que la elección había sido democrática, pacífica, ordenada y libre.
En su discurso, interpretó la votación como un mandato para mantener un gobierno enfocado en los resultados, la honestidad y la atención a las necesidades de la población. También afirmó que los ciudadanos habían rechazado el regreso de prácticas asociadas con la corrupción y los privilegios.
La ceremonia marcó así el inicio de la cuenta regresiva hacia el 1 de octubre de 2024, fecha en la que Sheinbaum asumiría formalmente la Presidencia para el periodo 2024-2030.
El acto reunió a integrantes del equipo que acompañaría a Sheinbaum durante su administración, legisladores electos, ministros de la Suprema Corte, autoridades electorales y representantes de distintos sectores políticos.
Entre los asistentes estuvieron su madre, Annie Pardo; Marcelo Ebrard, Juan Ramón de la Fuente, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña, Clara Brugada, Rosa Icela Rodríguez, Luisa María Alcalde y otros personajes que posteriormente ocuparían cargos relevantes en el nuevo gobierno.
La ceremonia también contó con la presencia de integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Instituto Nacional Electoral, en un escenario que concentró a buena parte de las instituciones involucradas en el proceso electoral.
El entonces presidente Andrés Manuel López Obrador no acudió al acto.
Dos años después
A dos años de aquella ceremonia, la entrega de la constancia permanece como uno de los momentos más significativos de la historia política reciente de México.
Aquel 15 de agosto no fue todavía el día de la toma de posesión. Fue el momento en que las instituciones electorales formalizaron el resultado de las urnas y certificaron que una mujer había sido elegida para ocupar por primera vez la Presidencia de la República.
La constancia entregada a Claudia Sheinbaum selló jurídicamente una elección y, al mismo tiempo, marcó un cambio simbólico: después de décadas de participación creciente de las mujeres en la vida pública, México colocaba a una mujer al frente del Poder Ejecutivo federal.
Dos años después de aquella imagen, el acontecimiento permanece como un parteaguas en la historia política nacional: el día en que la primera mujer electa para gobernar México recibió oficialmente el reconocimiento de su triunfo.







